A different taste by Carmen Nagy

Columna: A different taste
Por Carmen Nagy



Carta Nº 1

Mi nombre es Consuelo Herrera.

He cumplido los 82 años hace poco y lo celebré husmeando en cajas llenas de porquería, que tengo a modo de “recuerdos”.
Quizás no te parezco alguien especial. Quizás crees que soy una vieja asustada por ver como la muerte se acerca e intenta vomitar su aburrida juventud. Pero no es así. Voy a confesarte que un día no sólo fui joven, sino que también fui astuta y egoísta, tuve más éxito del que puedas desear, y teñí mis manos con sangre.
Este es el primer e-mail que voy a desvelarte (suerte que lo imprimo todo):

14 de junio 2022

Querida Maryorie:

Siento haberme tenido que marchar así anoche de tu casa. Creo que si Carlos me hubiese encontrado tan tranquila en vuestro sofá bebiendo vino y charlando con la única amiga que me queda (tú), se habría puesto rojo de rabia y me habría insultado señalando la puerta trasera de la casa.

Tan solo me adelanté a los hechos para ahorrarnos a los tres la grotesca imagen de tu severo maridito increpándome por algo que ocurrió, hace ya tiempo.

Fue fantástico poder disfrutar de unas horas sin reporteros indiscretos ni esos manifestantes espontáneos a mi alrededor.
Para serte sincera Maryorie, además de disculparme por desaparecer anoche de tu salón, te escribo porque creo que se nos quedó en el tintero algo infinitamente más grave.
Justo antes de que se escuchasen las llaves entrando en el cerrojo de la puerta, me preguntabas por qué elegí “ese camino” y no otro.

Tú, que nunca preguntaste si era inocente o culpable (y lo soy, culpable), que nunca me has cuestionado nada de todas las barbaridades que he hecho. Que te sentabas en primera fila en cada uno de los juicios, solo para poderme apoyar cuando me ponía un poco nerviosa…

Lo cierto es que siempre me llamó poderosamente la atención que, cuando llegaste a Madrid ya conocieras cada uno de los crímenes por los que se me estaba juzgando y sin embargo, no salieras corriendo de inmediato.

Como agradecimiento, nunca te pregunté por qué alguien como tú querría acercarse tanto a un monstruo como yo. Di por hecho que querrías algo a cambio. Y por una temporada había olvidado esa hipótesis hasta ayer mismo.

Exacto. Sé que hay algo que quieres de mi. Ya no me quedan dudas.

Pero, si quieres que te diga por qué elegí “ese camino” y no otro, tendrás que aclararme, tú primera, algunos aspectos de tu llegada a la casa de enfrente y ciertos aspectos de tu vida.

Con el amor que puedo tenerte.

Tu amiga, Consuelo.

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